Historia de Túnez
Conocida en su día como Ifriqiya - nombre que dio origen al del continente africano -, Túnez es un país de historia rica y milenaria. Su territorio ha sido moldeado por numerosas influencias: cartaginesa, númida, romana, bizantina, vándala, omeya, aglabí, fatimí, normando-siciliana, almohade, hafsí, otomana y francesa.
Cartago
La civilización más conocida que floreció en Túnez es, sin duda, la de Cartago. Nació del establecimiento gradual de factorías fenicias: colonos fenicios procedentes de Tiro fundaron la ciudad de Cartago. Según la leyenda, fue la reina Dido, hermana de Pigmalión, rey de Tiro, quien fundó la ciudad. Apenas siglo y medio después de su fundación, los cartagineses extendieron su influencia por toda la cuenca occidental del Mediterráneo.
Cartago fue, en aquella época, una ciudad excepcionalmente productiva, con una producción agrícola superior a la de Roma y sus aliados juntos.
A medida que ambas ciudades crecían, la lucha entre Roma y Cartago se intensificó. Tres guerras púnicas terminaron con la destrucción de Cartago tras un asedio de tres años. Roma se asentó sobre las ruinas de la ciudad e hizo de Útica la primera capital de la provincia romana de África. Siglo y medio después, la capital se trasladó de nuevo a Cartago, que se convirtió en colonia romana. Convertida otra vez en gran productora agrícola, Cartago se ganó el apodo de “el granero de Roma”. Aún hoy se conservan en Túnez restos de este periodo, sobre todo en los yacimientos de Bulla Regia, Dougga y El Jem.
Cristianización e islamización
Los inicios del cristianismo
Los comerciantes trajeron la nueva fe cristiana a Túnez, que se cristianizó con rapidez. A partir del siglo II se convirtió en uno de los centros del cristianismo, y tres hombres de iglesia tunecinos llegaron incluso a ser papas durante este periodo. Pueden verse restos de esta época en Sbeitla.
Las expediciones árabes
A partir del año 650 comenzaron las primeras expediciones árabes. Las tres primeras vieron cómo el ejército árabe aplastaba a las fuerzas bizantinas: la primera expedición tomó Sbeitla, la segunda hizo caer las ciudades de Sousse y Bizerta, y la tercera y más importante fue dirigida por Uqba ibn Nafi, que fundó la ciudad de Kairuán en el 670. Kairuán se convirtió en la base de las expediciones hacia el norte y el oeste del Magreb. Aun así, los ejércitos árabes estuvieron cerca del fracaso: los bereberes retomaron brevemente Kairuán después de que Uqba ibn Nafi muriera en una emboscada en el 683. No fue hasta el 698 cuando los ejércitos árabes tomaron por fin Cartago.
Los árabes emprendieron la conquista del interior del país, y los bereberes se convirtieron a la religión de sus conquistadores. Los omeyas, que gobernaban Túnez desde la victoria árabe, vieron su poder cuestionado por los abasíes, que se impusieron en el 750. En el 800, el califa abasí Harún al-Rashid delegó su autoridad en Túnez en el emir Ibrahim ibn al-Aglab, que fundó la dinastía aglabí. Los aglabíes gozaron de una independencia considerable en la gestión de sus asuntos, aun reconociendo la soberanía abasí.
En el 909, tras una gran revuelta ismaelita, el emirato aglabí llegó a su fin. En diciembre de ese año, Ubayd Allah al-Mahdi se proclamó califa y fundó la dinastía fatimí. Su sucesor, Ismail al-Mansur, tomó Sicilia en el 948.
Las expediciones sicilianas
A partir del siglo XII, Túnez fue atacado por los normandos de Sicilia y del sur de Italia. La conquista siciliana de Túnez comenzó bajo el reinado de Rogelio II, y se cometieron muchas atrocidades contra la población musulmana. Los sicilianos acabaron conquistando toda la costa tunecina y fundaron el Reino de Ifriqiya, o Reino normando de África, reforzando los lazos económicos entre Sicilia y Túnez.
Los hafsíes
A mediados del siglo XII, el reino cayó en manos del sultán almohade Abd al-Mumin. Se establecieron vínculos comerciales con las principales ciudades del Mediterráneo y la economía prosperó; el siglo almohade se considera la edad de oro del Magreb. Los almohades confiaron Túnez a Abu Muhammad Hafs, cuyo hijo fundó la dinastía hafsí, que gobernó el país desde 1236 hasta 1574. Poco a poco, los hafsíes fueron perdiendo el control de su territorio: a partir de la década de 1340, la peste azotó Túnez y provocó una fuerte caída de la población. Fue también por esta época cuando moriscos musulmanes y judíos andalusíes llegaron a Túnez, huyendo de la caída del Reino de Granada en 1492.
El Túnez otomano
Los monarcas españoles Fernando de Aragón e Isabel de Castilla tomaron numerosas ciudades norteafricanas. Para resistirlos, las autoridades recurrieron a dos hermanos corsarios griegos, Aruj y Jayr al-Din Barbarroja, a quienes se autorizó a usar el puerto de La Goleta, y más tarde la isla de Djerba, como base. Jayr al-Din Barbarroja se puso bajo la soberanía de Estambul y tomó la ciudad de Túnez en 1534. La ciudad fue reconquistada por Carlos V ya en 1535, y no fue hasta 1560 cuando los otomanos lograron recuperar Djerba. La propia ciudad de Túnez fue retomada en 1574 por Dragut, navegante y almirante otomano.
Pese a sus victorias, los otomanos no se asentaron de forma permanente en Túnez. A lo largo del siglo XVI, los gobernantes locales se fueron liberando poco a poco de la autoridad del sultán de Estambul. La administración turca decidió entonces poner un dey al frente del Estado, con un bey a sus órdenes, encargado de controlar el territorio y de recaudar los impuestos. El bey se convirtió en la figura clave junto al bajá, que representaba al sultán otomano en un papel en gran medida honorífico.
Los beyes acabaron fundando una dinastía en 1613. Aunque oficialmente era una provincia del Imperio otomano, Túnez alcanzó un amplio grado de autonomía en el siglo XIX, gracias al proceso de modernización puesto en marcha por Ahmed Bey. A comienzos del siglo XIX, Túnez conoció reformas de gran calado: la abolición de la esclavitud y la adopción de una constitución, entre ellas. El país, no obstante, se enfrentó a graves dificultades financieras, fruto de políticas ruinosas y de los préstamos contratados por el Estado a tipos abusivos con el banco Erlanger.
El protectorado francés en Túnez
En 1869 Túnez se declaró en bancarrota. Por su posición geográfica, el país era un premio estratégico de primer orden para franceses e italianos, que rivalizaban por él. En abril de 1881 desembarcaron las tropas francesas y en tres semanas alcanzaron las afueras de la ciudad de Túnez. En mayo de ese mismo año, Sadok Bey formalizó el protectorado. Siguió una serie de revueltas en las regiones de Kairuán y Sfax, que las autoridades francesas reprimieron con rapidez. En 1883 se reforzó el protectorado: Francia obtuvo el derecho a intervenir en los asuntos internos de Túnez y a representar al país en la escena internacional. Abusó de sus derechos y prerrogativas como protectora para explotar el país como una colonia, y el bey se vio obligado a ceder casi todos sus poderes al residente general.
La lucha nacionalista
La lucha contra la ocupación francesa comenzó en el siglo XX. En 1907, Bechir Sfar, Ali Bach Hamba y Abdeljelil Zaouche fundaron el movimiento reformista e intelectual de los Jóvenes Tunecinos. A partir de 1914 el país vivió bajo estado de excepción y la prensa anticolonial fue prohibida. Al final de la Primera Guerra Mundial surgió una nueva generación en torno a Abdelaziz Thaalbi, y en 1920 nació el partido Destur. El Destur entró en conflicto con el régimen del protectorado. En 1932, el abogado Habib Burguiba, junto con Tahar Sfar, Mahmoud El Materi y Bahri Guiga, fundó el periódico L’Action tunisienne, que defendía la independencia y el laicismo. Esta postura llevó a la escisión del partido en dos ramas: el Destur, más islamista, y el Neo-Destur, laico.
La escalada de la violencia
Estallaron sangrientos disturbios el 9 de abril de 1938, cuando los ocupantes franceses mataron a 22 manifestantes tunecinos. La represión que siguió empujó al Neo-Destur a la clandestinidad. En 1942 el gobierno de Vichy entregó a Burguiba a Italia a petición de Mussolini, con la esperanza de debilitar la resistencia francesa en el norte de África. Burguiba, sin embargo, no quiso avalar a los regímenes fascistas y llamó, en cambio, a apoyar a las tropas aliadas. Túnez se convirtió entonces en un campo de batalla entre los Aliados y el Eje, y las fuerzas del Eje se rindieron el 11 de mayo de 1943.
La internacionalización del conflicto franco-tunecino
Los líderes nacionalistas hicieron entonces de la resistencia armada parte de su estrategia de liberación nacional. Salah Ben Youssef y Hamadi Badra llevaron el conflicto franco-tunecino ante las Naciones Unidas. El gobierno francés declaró que la solicitud tunecina no podía ser examinada por el Consejo de Seguridad, con el argumento de que había sido “firmada por tunecinos que no tienen derecho a hacerlo sin el acuerdo del Bey, único depositario de la soberanía tunecina. Francia es responsable de los asuntos exteriores de Túnez; este documento debería haberse presentado al Residente, único facultado para tramitarlo”.
El 18 de enero de 1952 estalló la revuelta armada tras la detención de 150 miembros del Destur, entre ellos Burguiba, y la represión militar se intensificó. Cuando Lamine Bey se negó a destituir al gobierno que había recurrido a la ONU, el residente general hizo detener a Chenik, El Materi, Mohamed Salah Mzali y Mohamed Ben Salem el 26 de marzo de 1952. El sindicalista Farhat Hached fue asesinado el 5 de diciembre por colonos, un acto que desencadenó huelgas, manifestaciones y disturbios. A medida que crecía la represión, los nacionalistas dirigieron cada vez más su acción contra los colonos, y casi 70.000 soldados franceses fueron movilizados para sofocar las revueltas.
La independencia de Túnez
El 31 de enero de 1954, Pierre Mendès France firmó el reconocimiento de la autonomía interna de Túnez. El 3 de junio de 1955, Tahar Ben Ammar firmó los convenios franco-tunecinos. El 20 de marzo de 1956, Francia reconoció por fin la independencia de Túnez, aunque conservó la base militar de Bizerta, en el norte del país.
El 25 de marzo de 1956 se eligió la Asamblea Constituyente. El Neo-Destur obtuvo todos los escaños y Burguiba fue nombrado su líder el 8 de abril. El 11 de abril de 1956 se convirtió en primer ministro bajo Lamine Bey. El Código del Estatuto Personal se proclamó el 13 de agosto. Este código es la piedra angular de la sociedad tunecina y fue concebido para establecer la igualdad entre hombres y mujeres, otorgando a la mujer un lugar sin precedentes en Túnez y en el mundo árabe: abolió la poligamia, creó un procedimiento judicial de divorcio y solo permitió el matrimonio mediante el consentimiento mutuo de ambos cónyuges. Burguiba también dio gran importancia a la educación, y la parte del presupuesto del Estado destinada a ella fue creciendo de forma constante, hasta alcanzar el 32% en 1976.
El 25 de julio de 1957, tras la abolición de la monarquía, Túnez se convirtió en república. Burguiba fue su primer presidente el 8 de noviembre de 1959. En pleno apogeo de la guerra de Argelia, Francia bombardeó el pueblo tunecino de Sakiet Sidi Youssef, lo que provocó las exigencias de devolución de la base de Bizerta. Los franceses no estaban dispuestos a renunciar a sus bases militares, y los enfrentamientos dejaron al menos 630 tunecinos muertos. Francia devolvió por fin la base al Estado tunecino en octubre de 1963. En la cima de su popularidad, Burguiba era conocido como “el Combatiente Supremo”.
De joven Estado independiente a dictadura
La república tunecina se fue transformando poco a poco en dictadura, como ilustra de la forma más cruda el asesinato de Salah Ben Youssef, antiguo compañero de Burguiba, y la posterior prohibición del Partido Comunista Tunecino.
En 1963, Ahmed Ben Salah, apodado el “superministro”, emprendió una política económica socialista. El proyecto fue saboteado por los capitalistas locales, y Ben Salah fue convertido en chivo expiatorio del régimen y condenado a una dura pena de prisión, parte de la cual cumplió antes de fugarse gracias al valor de su hermano.
A comienzos de la década de 1980, Túnez atravesó una crisis política y social, con el clientelismo y el nepotismo en aumento. A medida que la salud de Burguiba se deterioraba, surgieron luchas por la sucesión, de las que las “revueltas del pan” fueron solo un ejemplo. Zine El-Abidine Ben Ali fue nombrado ministro del Interior y, oficialmente, puso en marcha una política de lucha contra el islamismo. Fue nombrado primer ministro en octubre de 1987, y el 7 de noviembre Ben Ali apartó del cargo al presidente Burguiba mediante un golpe médico.
La presidencia de Ben Ali: represión, crisis social y corrupción
Ben Ali fue elegido el 2 de abril de 1989 con el 99,27% de los votos. Los resultados de las numerosas elecciones que siguieron apenas cambiaron. La constitución fue modificada para permitir la reelección de Ben Ali, que incluso obtuvo inmunidad legal vitalicia.
Durante la presidencia de Ben Ali, un ambiente asfixiante se fue apoderando de Túnez y la libertad de expresión quedó gravemente restringida. Las familias vinculadas al régimen aprovecharon su cercanía a este para apropiarse de los mejores sectores de la economía, muy a menudo a costa del Estado o de otros empresarios privados. Se instaló una crisis moral y social, mientras estas familias afines se exhibían como modelos de éxito, poniendo del revés los valores de la sociedad.
La educación y la sanidad, ambas logros de la era de Burguiba, fueron desmanteladas poco a poco en favor del sector privado y de las familias aliadas del régimen.
La revolución en Túnez
Ante este derrumbe de los valores morales y el desprecio del que era objeto, Mohamed Bouazizi, un joven vendedor ambulante de fruta y verdura, se prendió fuego el 17 de diciembre de 2010. Las protestas estallaron por todo Túnez y la represión dejó varios muertos. El 14 de enero de 2011 se celebró una manifestación en la avenida Habib Burguiba. Uno de los consejeros más cercanos de Ben Ali le dijo que ya no podía garantizar su seguridad y le pidió que se marchara unos días. Ben Ali no volvería jamás: no tendría ocasión de hacerlo. Era el comienzo de las revoluciones árabes.